En las últimas semanas, los yonkis de Internet han encontrado una nueva droga: los agentes personales IA. Si trabajas en el sector tecnológico, es casi imposible no encontrarte de bruces con alguien súper contento de conocerse a sí mismo y de experimentar con uno de estos.
Desde la atalaya que me da la experiencia, observaba toda esta discusión con escepticismo. No es la primera moda que veo surgir en Internet extendida por inversores de capital riesgo muy interesados en hinchar el globo de sus participadas.
Lo que leía parecía útil en un entorno profesional muy parecido al que se mueven estos inversores, donde un asistente puede organizarte la agenda, reservar un restaurante o hacer el check-in de un vuelo. Sin embargo, el ser humano promedio no tiene la vida de un inversor de Silicon Valley. Para dos reservas en restaurantes y un viaje que hace al año, no necesita un asistente IA. O mejor dicho, si sólo hace eso, es imposible que el proveedor haga negocio con ello.
Dicho de otra forma, el TAM de los asistentes personales parecía pequeño. Y lo que hay por detrás, una máquina virtual corriendo un agente a largo plazo, con su navegador para que el agente interactúe con el mundo real, más los gastos de inferencia, no resulta precisamente barato. El modelo económico resultante parece extremadamente frágil.
Pero no es la primera vez que un modelo de negocio sobrevive a base de invertir miles de millones. Me viene a la cabeza Uber, aunque si lo contraponemos, su mercado era evidentemente masivo: todo el transporte urbano. Y tampoco es la primera vez que una empresa quema cientos de millones sin llegar a nada. Clubhouse, el espacio de canales de audio que nació al albur de la pandemia, por ejemplo, nunca pasó de ser una moda pasajera.
¿Son los asistentes personales un Uber o un nuevo Clubhouse? Difícil saberlo. Lo que sí sé, después de una semana de uso de uno de ellos, es que son indudablemente útiles.
Mi (grata) experiencia utilizando un agente personal IA
El domingo pasado, un colega me pasó una invitación a Instinct, el asistente del momento y para el que ya se escuchan valoraciones de 10.000 millones de dólares con apenas unos meses de vida. Hice el onboarding con mi habitual escepticismo y sin esperar mucho a cambio. Y la primera decepción no tardó en llegar cuando el propio Instinct me introdujo en lo que podía hacer con él:
Email: clasificar la bandeja de entrada, buscar hilos, redactar respuestas y dar seguimiento a tareas pendientes.
Calendario: programar reuniones, detectar solapamientos, mover eventos y avisar en el momento adecuado.
Investigación: comparar productos, viajes, restaurantes, servicios u otros aspectos y ofrecer una recomendación clara.
Recados: reservar en restaurantes y en vuelos, pedir comida o productos, y ayudar con formularios o páginas web.
Redacción: correos electrónicos, mensajes, documentos, presentaciones, resúmenes y revisiones.
Seguimiento: controlar las respuestas o cambios y avisar cuando algo realmente requiera atención.
Poco más o menos lo que me esperaba. Y me daba un perezón terrible porque todo lo que me proponía ya podía hacerlo con Claude o con ChatGPT. Lo cerré sin muchas esperanzas. Era domingo y tenía cosas más interesantes que hacer.
Tres días más tarde, recién despertado y todavía en la cama, me vino a la mente una tarea que llevaba tiempo postergando y para la que un asistente podría ser útil. Quería contratar un servicio de mantenimiento del aire acondicionado de mi casa, lo que implicaba abrir el navegador, buscar distintos proveedores y contactar con ellos por correo electrónico para que me dieran presupuestos. Le pedí a Instinct que lo hiciera y, en unos pocos minutos, había localizado tres, redactado una propuesta de correo y me estaba pidiendo permiso para enviarlo. Tras unas cuantas comprobaciones y ediciones por mi parte, aprobé el plan y contactó con ellos directamente con una dirección de correo que creó él mismo.
A las pocas horas recibía la primera respuesta, a lo que reaccionó sugiriéndome un par de preguntas sobre el presupuesto. Mmm, pensé: «Esto es indudablemente útil para este tipo de tareas».
Esa misma tarde, surgió otra tarea interesante. Mi hijo empezaba el primer año de conservatorio y el profesor de instrumento nos había pasado un listado hecho a boli de unas diez cosas que comprar. Cosas que, además, me eran totalmente ajenas. ¿Un compensador? ¿Una caja de cañas? No tenía ni idea de por dónde empezar.
En condiciones normales, completar la compra de los elementos de esa lista me habría llevado un par de horas. Primero, encontrar tiendas; luego, verificar que tuvieran todo el material y que, además, llegara a tiempo para la siguiente clase, etc. Probé con Instinct. Le subí la foto de la lista hecha a boli y le dije: «Ale, ya sabes lo que tienes que hacer».
No sé cuántos tokens quemaría el bicho, pero a los pocos minutos me presentó varias tiendas donde poder encargar todo el material, dándome además muy buenos consejos. Incluso se ofreció a llenar el carrito por mí, a lo que acepté gustosamente, saltando sorprendido al ver que la cosa realmente funcionaba.
Justo ayer, sábado, lo volví a usar. El día anterior vi que unas zapatillas de la marca On que compré hace 9 meses se estaban rompiendo por un claro defecto de fabricación. Caliente como un mono, ya estaba pensando en el post en X que iba a hacer, blasfemando contra la marca, cuando me dio por pensar que quizás mi agente podría presentar una reclamación en su web.
Y así lo hice. Le expliqué lo que había pasado y le envié dos fotos de los desperfectos. Le dije que buscara el recibo de compra en mi correo, que localizara la forma de contactar con la marca y que la redactara por mí. A los pocos minutos, había completado la tarea.
Para mi regocijo, la marca aceptó la reclamación y se ofreció a darme un vale por el importe de las zapatillas para canjearlo en su tienda. Bien jugado, por cierto. Han resucitado a un cliente de entre los muertos y lo han fidelizado de por vida.
Bien podría haber hecho yo lo mismo directamente en la web de On, pero implicaba fricción que el agente desintermedió por completo. ¿Por qué tener que lidiar con una interfaz nueva cuando puedo resolverlo directamente desde el chat que ya conozco? Este es un gran punto a favor de este tipo de asistentes.
Ahora bien, que a mí me funcione no dice nada sobre si esto es un negocio.
Útiles, pero ¿a qué precio?
Debo decir que estoy seriamente impresionado con Instinct. Tener a mano una IA a la que no sólo puedes preguntar cosas, sino que además puede hacer acciones por ti es, sin lugar a dudas, útil. Pagaría por este servicio cada vez que tuviera que usarlo.
Ese punto es importante. La recurrencia. ¿Con qué frecuencia tengo que realizar tareas que requieren un agente? Esta semana se han juntado tres por casualidad, pero no todas las semanas tengo que presentar reclamaciones ni comprar un listado de material en tiendas desconocidas.
Por otra parte, mi propio sesgo hacia la tecnología. Ni yo ni todos los yonkis a los que leéis flipándolo en X con su agente personal IA somos el prototipo de persona media. La persona media se despierta, va a trabajar y ve la tele el resto del día. No está pensando en qué tipos de casos de uso agénticos puede resolver hoy.
El coste del servicio me sigue preocupando. La infraestructura necesaria para ejecutar estos agentes resulta costosa a día de hoy. La inferencia es cara. ¿Qué modelo de negocio va a soportar esto? Meta, una de las mejores empresas del mundo en monetizar usuarios gratuitos, ha lanzado su propio agente, Muse.ai, en EE.UU. Desde luego, si alguien puede hacerlo, son ellos. Pero ¿una empresa como Instinct? ¿Cómo compite contra Meta sin ingresos con los costes que tiene que soportar?
Y luego, ¿qué impide a Apple, Google con Android o Microsoft ocupar el espacio de Instinct hoy en día? La mejor capa para un agente personal es a nivel de sistema operativo, no a nivel de aplicaciones de terceros que tienen que conectarse manualmente con todo lo demás.
En definitiva, estamos ante una herramienta útil para determinados perfiles, con un TAM esperado incierto ahora mismo, que tiene que soportar costes gigantescos y puede ser fácilmente abstraída. Como inversor, me generaría muchas dudas meter pasta aquí, pero, por lo menos, lo que sí es seguro es que no es un Clubhouse.
Este tipo de interacción ha llegado para quedarse. La duda es: ¿a qué coste y de qué tamaño será el mercado que abarque?




Es muy Interesante lo que propone,similar esta funcionalidad a Hermes u OpenClaw
Yo llevo unos días y lo que he notado es que recurro cada vez más porque me viene a la cabeza mucho más para usarlo