Que coman GPUs
El abismo entre quienes deciden sobre la IA y quienes la sufren se ensancha cada día. De María Antonieta a Eric Schmidt: qué pasa cuando las élites olvidan que existe gente fuera de su burbuja.
A finales de 1700, Francia se encontraba en una situación económica deplorable.
La guerra de los siete años y el apoyo a las colonias en la guerra de la independencia de los Estados Unidos habían dejado al país con una deuda externa descomunal que se llevaba aproximadamente la mitad de toda la recaudación de impuestos.
El sistema fiscal era, además, tremendamente injusto, pues tanto la iglesia como la nobleza estaban exentas de pagar la mayoría de impuestos, cuyo peso, cómo no, recaía sobre el pueblo.
A la situación económica se sumaron inviernos muy duros que afectaron las cosechas y provocaron hambrunas en el país.
El rey Luis XVI y su corte vivían ajenos al sufrimiento. Mientras los franceses de a pie pasaban hambre y penurias, María Antonieta, la esposa de Luis y reina de Francia, daba lujosas fiestas, gastando dinero sin freno en ropa y joyas.
Si bien es poco probable que fuera la autora de la frase, pues tenía bastante mala prensa en la época, se cuenta que, ante el comentario de un noble que le advirtió de que los campesinos no tenían pan para comer, respondió “que coman pasteles”.
María Antonieta perdió la posibilidad de comer pasteles el 16 de octubre de 1793, cuando fue guillotinada en la Plaza de la Revolución.
Vivir desconectado de la realidad
María Antonieta perdió la cabeza, literalmente, por vivir desconectada de su tiempo, aislada en la burbuja de la corte.
Y a veces pienso si los billonarios de Silicon Valley recuerdan la historia de María Antonieta. O la del zar Nicolás II y la familia Romanov. Porque si lo hicieran, quizás no se atreverían a decir en voz alta lo que piensan.
Esta semana hemos tenido varios ejemplos.
En primer lugar, Eric Schmidt, ex CEO de Google, quien, con una fortuna declarada de más de 40.000 millones de dólares, acudió a pronunciar un discurso pro-IA en la ceremonia de graduación de la Universidad de Arizona.
Schmidt se limitó a repetir el mismo mensaje que triunfa en la corte de Silicon Valley. Pero esta vez el público era distinto. Eran chavales de 22 años que, en su mayoría, ven cómo la inteligencia artificial está haciendo que las empresas dejen de contratar perfiles júnior, cortando su acceso al mercado laboral.
Cada vez que mencionaba la IA, los abucheos arreciaban.
Y el de Schmidt no ha sido un caso aislado. En X he encontrado al menos otros dos ejemplos (I y II) de discursos de graduación con serios abucheos cuando se menciona la IA.
Un par de días más tarde, el gigante bancario Standard Chartered anunciaba el despido de 7000 empleados. Su CEO, Bill Winters, en un ataque de sinceridad sin filtros, explicó que no se trataba de un recorte de costes, sino de reemplazar “capital humano de bajo valor” por inversión en IA.
Capital. Humano. De. Bajo. Valor.
Por supuesto, Winters tuvo que salir a disculparse, pero la realidad es que, como María Antonieta con los pasteles, tan sólo dijo lo que pensaba en voz alta.
No queda aquí la cosa. El jueves, Joe Rogan entrevistaba a Marc Andreessen, fundador de a16z, una de las mayores firmas de capital riesgo del mundo. ¿Y qué dijo Andreessen mientras hablaba de las bondades de la IA? Lo que todo inversor piensa, pero no suele decir:
“No se emborracha. Nunca se pone enfermo. Nunca está deprimido porque le ha dejado la novia. Nunca presenta quejas a RRHH.”
¿Nunca presenta quejas a RRHH? ¿En qué estás pensando, Marc de mi vida?
Estos tres ejemplos son de esta semana, pero la idea de esta entrada me ronda la cabeza desde hace tiempo, porque hace meses que observo declaraciones día a día que hace unos años hubieran sido impensables.
Es probable que todo esto empezara con Musk comprando X y la victoria de Trump. El péndulo se ha ido al otro extremo y la era de la cancelación ha dado lugar a otra en la que cualquiera se siente con derecho a decir lo que se le ocurra en cualquier momento.
Mientras esto pasa, oh sorpresa, la IA es más impopular que nunca. En una encuesta de la NBC, encontraron a más gente con una opinión favorable del ICE (la agencia de inmigración estadounidense), Donald Trump y del Partido Republicano que de la inteligencia artificial.
Y no puedo dejar de pensar en María Antonieta. Y en los Romanov. Y en el joven que apareció a las tres y media de la madrugada en casa de Sam Altman con un cóctel molotov y una lista con nombres y direcciones de ejecutivos de IA. Y hasta en Luigi Mangione, que en diciembre de 2024 esperó al CEO de UnitedHealthcare en plena calle y le disparó tres veces por la espalda.
Y es que cuando una élite se aísla lo suficiente de la gente sobre la que decide, corre el riesgo de que esta termine recordándole que existe.
A veces con abucheos en una graduación. A veces, de formas peores.




