La economía del clip
Por qué OpenAI pagó 200 millones por un programa con 7.000 oyentes, y qué nos dice sobre el futuro de los medios, los podcasts y el contenido short-form.
Este post es una traducción y adaptación al español de The clip economy, un artículo original de Ed Elson, co-presentador de Prof G Markets. Lo traigo aquí porque me parece la mejor explicación que he leído sobre cómo está cambiando la industria de los medios, y creo que tiene lecciones directas para cualquiera que trabaje en producto.
La voz en primera persona que sigue es la suya, no la mía.
Todo lo que crees saber sobre los medios está a punto de cambiar
La semana pasada nos pasamos casi todo el programa hablando de Irán. Solo se puede sacar una conclusión: entre el momento en que escribo esto y el momento en que lo lees, la situación habrá cambiado varias veces. Seguiremos atentos a cómo evoluciona la guerra.
Para el post de esta semana quiero girar la cámara hacia otra cosa, otro campo de batalla en el que sí tengo algo de experiencia: la industria de los medios. Concretamente, cómo ha cambiado y hacia dónde va. Aviso: esto no es otro ensayo sobre las streaming wars o la muerte del cable. Esos debates ya son viejos. Esto va de algo más nuevo y más estructural, un terremoto que está transformando cómo consumimos información a escala global. No es streaming. No es IA. Son los clips.
Sí, los clips. Esos vídeos de un minuto que ves cada día en tu feed. Hay quien los llama simplemente “contenido short-form“, pero los clips son ligeramente distintos. Son específicamente recortes de contenido largo (podcasts, livestreams, programas de televisión), un subproducto de otra cosa. Dicho de otra manera: todo clip es contenido short-form, pero no todo el short-form es un clip.
¿Por qué insistir en el matiz? Porque importa. Como veremos, este formato concreto se ha comido no solo las redes sociales, sino el ecosistema mediático entero. Y por eso a los que nos importa el futuro de los medios nos toca entenderlo.
Vamos al lío. Nuestro viaje al mundo de los clips empieza con un personaje inesperado: OpenAI.
Technology Brothers
La semana pasada leímos un titular bastante llamativo: OpenAI compra un popular tech talk show por “varios cientos de millones bajos”. El programa en cuestión es TBPN, un podcast diario en directo que se ha vuelto bastante popular en Silicon Valley. Un amigo me contó después que la operación fue de 200 millones de dólares. No está confirmado, pero para esta entrada vamos a asumir que es correcto.
Déjame ponerte en contexto cuánto dinero son 200 millones. El mayor acuerdo de podcast de la historia fueron 250 millones entre Spotify y el podcast más popular del mundo, The Joe Rogan Experience, que dicen mueve más de diez millones de oyentes por episodio. Otro de los podcasts más grandes es Call Her Daddy, que firmó con SiriusXM por 125 millones. El deal de TBPN es más grande que ese. También hace que TBPN valga tres veces más que Dish TV y casi diez veces más que BuzzFeed. En resumen: la operación es enorme.
Por eso te va a sorprender el siguiente dato: el episodio medio de TBPN tiene unas 7.000 visualizaciones. Para que te sitúes, mi programa (Prof G Markets) llega a unas 250.000 personas por episodio. Entonces, ¿por qué demonios paga OpenAI 200 millones? Una palabra: clips. A pesar de su audiencia en directo relativamente pequeña, TBPN llega a cientos de miles de personas cada día con sus clips. El clip medio de TBPN tiene unas 257.000 visualizaciones, treinta y siete veces más que la audiencia del propio programa.
Esta es la parte donde el legacy media dice “qué mono, pero los clips no dan dinero”. Y aquí es donde se equivocan. A diferencia de la mayoría de organizaciones mediáticas, TBPN mete los anuncios directamente dentro de los clips. Al final de cada snippet de un minuto: “Este clip ha sido patrocinado por...”. Los anuncios en los clips son lo que permitió a TBPN generar 5 millones de dólares de facturación el año pasado, e ir camino a los 30 millones en 2026. El podcast, más que un podcast, es un vehículo para generar clips. Lo mismo se podría decir de muchos podcasts, por cierto, pero la genialidad de TBPN es que son la primera organización cuyo modelo de negocio refleja exactamente eso.
Creadores → Clippers
TBPN es solo la punta del iceberg. En los últimos dos años, los clips han alumbrado una generación entera de estrellas mediáticas. Está Nick Fuentes, por ejemplo, el nuevo rey de la extrema derecha. O Hasan Piker, el polémico livestreamer progresista. O Clavicular, la estrella viral del looksmaxxing. Puede que no hayas oído hablar de ninguno, pero para la Gen Z son prácticamente nombres de referencia. Todos tienen una cosa en común: sus clips se hacen virales hasta extremos absurdos.
A pesar de tener una audiencia modesta de menos de 20.000 personas en el livestream, Nick Fuentes llega a más de medio millón de personas de media a través de sus clips. Uno de sus últimos clips llegó a once millones de personas. Eso es más que la población de Nueva York. Lo de Clavicular es similar: su stream tiene una media de 16.000 espectadores, pero sus clips promedian un cuarto de millón. Mientras tanto, sus últimos diez TikToks sumaron unos setenta millones de visualizaciones, más que la población de Francia. De TBPN a Clavicular pasando por Hasan Piker, el patrón es más o menos el mismo: los shows son pequeños, los clips son enormes.
Lo más loco de todo es que estas cifras son, en realidad, una estimación a la baja. Solo recogen las visualizaciones de los clips publicados directamente por los propios creadores, pero no contabilizan los millones de veces que esos clips son re-clipeados por otras cuentas en redes (fan accounts), que muchas veces tienen audiencias todavía más grandes. (Volveremos a esto en un momento.)
Te das cuenta enseguida de que la mayoría de los programas del momento que ves hoy en realidad no van del programa, van de los clips. Lo he experimentado yo mismo con el mío. Cada vez que un fan me reconoce por la calle le pregunto si escucha el podcast, y de vez en cuando me llevo una respuesta inesperada: “No, pero veo tus clips”. La primera vez que la oí me quedé descolocado. Yo pensaba que nuestros clips eran el material promocional del contenido. Pronto entendí que no era así. Para gran parte de nuestra audiencia, los clips son el contenido.
Este es el punto clave que hay que entender: los clips ya no son un subproducto del producto principal, son el producto principal. En cuanto lo pillas, empiezas a ver cómo todo el ecosistema mediático se está dando la vuelta. Estamos entrando en una nueva economía de los medios, lo que yo llamo “la economía del clip”.
La economía del clip
La economía del clip se ha hecho enorme, pero como cualquier economía, se puede gamificar. El tipo que fue pionero en hacerlo resulta ser una de las primeras clip-stars: Andrew Tate. Tate se dio cuenta de que la mejor manera de ganar en la economía del clip no es publicar tú los clips, sino conseguir que otros los publiquen por ti. Así que en 2021 montó un curso online (esquema piramidal) llamado Hustlers University. El objetivo declarado era ayudar a chavales jóvenes a “escapar de la matrix“, pero el objetivo real era conseguir que los chavales jóvenes publicaran sus clips.
El modelo era simple: Tate les decía a sus suscriptores que clipearan sus livestreams y los publicaran en redes con un enlace de afiliado a su “comunidad”, y por cada nuevo suscriptor que entraba, el clipper se llevaba una comisión. ¿El resultado? Los clips de Andrew Tate fueron vistos más de 11.000 millones de veces en TikTok antes de que lo banearan. Y a pesar del baneo, los clips de Tate siguen volviéndose virales en la plataforma con regularidad. Esa es la otra gran ventaja de tener un ejército de clippers: aunque te cancelen, tus clips sobreviven.
El modelo pay-to-clip se ha vuelto mainstream. Las “agencias de clipping“ están floreciendo por toda internet. De hecho, un streamer popular conocido como “N3on” reveló hace poco cuánto paga colectivamente a sus clippers cada mes. Respuesta: un millón de dólares. Sus clippers cobran por visualización, y los mejores ganan millones de dólares al año.
Pero N3on es un streamer y ni siquiera está en el top diez. MrBeast acaba de lanzar su propia plataforma de clipping: paga a clippers para que publiquen clips de su nuevo parque temático, Beast Land. Kick, una de las plataformas de streaming más grandes, también ha arrancado un programa de clipping. Y la cosa hasta llega a Washington: en las últimas presidenciales, tanto Trump como Harris contrataron empleados para clipear su contenido. Los clips ya son el corazón de cualquier proyecto de medios nuevo, y esto acaba de empezar.
El camino de vuelta
No es ningún secreto que al legacy media no le va bien. En los últimos cinco años, empresas como Disney, Warner Bros. Discovery o Comcast han perdido más de un tercio de su valor. Ninguna adquisición de plataforma de streaming, ningún rebrand, ningún spinoff ha conseguido frenar la sangría.
Su problema es sencillo: la gente ya no ve contenido tradicional, ve clips. Desde antes de la pandemia, el tiempo dedicado a ver vídeo en redes sociales se ha más que duplicado, y en ese mismo periodo el revenue de Meta casi se ha triplicado y el de TikTok se ha multiplicado por diez.
A mí esto me tocó de cerca la noche de los Oscars. Le pregunté a mi novia (que es fan de Chalamet) si quería verla, y para mi sorpresa me dijo que no. “¿Por qué?”, le pregunté. Su respuesta fue clarificadora: “Es demasiado largo y aburrido. Me espero a mañana y veo los clips”.
Solo hay un camino de regreso para el legacy media: tienen que ganar la economía del clip. La mala noticia es que les va a parecer indigno. La buena noticia es que les va a resultar fácil. El legacy media es mejor que nadie produciendo contenido original, y el contenido original es a los clips lo que el petróleo crudo a la gasolina. Dicho de otra forma: Disney y Warner Bros. están sentados encima de un yacimiento de clips del tamaño del mayor pozo petrolífero de EE.UU.
El siguiente paso será la monetización, que también será fácil. “Este clip de las campanadas de Nochevieja ha sido patrocinado por Heineken”. “Este clip de Fareed Zakaria GPS ha sido patrocinado por T-Mobile”. “Este clip de Shark Tank ha sido patrocinado por Capital One”. Sí, es un poco distópico. Pero, tal y como yo lo veo, el legacy media tiene dos opciones: o vende clips, o muere.
Llámame
Si algún ejecutivo de medios está leyendo esto y le apetece comentar, que me escriba sin problema. Pienso en este tema cada día por mi propio negocio, y además me parece fascinante.
Y a los que esto os parece sobre todo deprimente, os escucho. Hay efectivamente un buen montón de evidencia que sugiere que el contenido short-form no nos sienta bien. Reduce nuestra capacidad de atención, nos vuelve más ansiosos y depresivos, y es muy adictivo. La clip economy también va a agravar nuestro problema de polarización, sobre el que ya he escrito.
Pero el objetivo de este post no es decir si la economía del clip es buena o mala. Es simplemente contarte la verdad sobre hacia dónde vamos.
Nos vemos la semana que viene, Ed
Si queréis ahondar en el tema, Ed ha participado recientemente en Galaxy Brain, un podcast de The Atlantic, en el que trata en profundidad el concepto de la economía del clip. Os dejo en enlace al artículo y al episodio en Youtube. ¡Disfrutadlo!

