¿Estás dispuesto a montar un buen cirio?
Antes de que nadie reparara en su talento, Robe de Extremoduro entendió algo esencial: primero, que miren. Después, que te pongan nota.
Hace un mes, un usuario de Reddit publicaba una entrada en el subreddit de ClaudeAI quejándose amargamente de la realidad a la que se enfrenta todo desarrollador de aplicaciones hoy en día. Traduzco a continuación:
He creado 4 aplicaciones de iOS con Claude. 5 más en progreso. Cero usuarios. Cero ingresos. Dejadme ahorraros algo de tiempo.
Claude te creará una aplicación para iOS. Una de verdad. SwiftUI, StoreKit, widgets, Live Activities, todo. Me llevó más tiempo redactar los documentos de requisitos de producto (PRD) que conseguir compilaciones que funcionaran.
Esa parte ya no es lo difícil.
Tengo cuatro aplicaciones publicadas en la App Store. Tengo cinco más en fase de desarrollo activo. Mis ingresos totales por todas ellas son de 0 dólares. Mis usuarios totales son, más o menos, mi mujer y un tipo de Finlandia que sospecho que se la descargó por accidente.
La barrera para desarrollar ya no existe. Claude la ha eliminado. Lo que nadie te dice es que la barrera para conseguir usuarios nunca fue la misma. Nunca estuvieron relacionadas. Antes no te dabas cuenta porque ambas parecían imposibles al mismo tiempo.
Ahora puedes lanzar una aplicación en un fin de semana. Lo que significa que también puedes fracasar más rápido, con más frecuencia y con más aplicaciones en marcha de las que puedes gestionar emocionalmente.
No estoy diciendo que no desarrolles. Lo que digo es que he estado confundiendo «he terminado la aplicación» con «he hecho el trabajo». Terminar la aplicación es como cerrar la carta de un restaurante. Aún tienes que conseguir que la gente entre por la puerta.
La distribución es el trabajo.
Los más asiduos a esta newsletter estáis cansados de oírme hablar de que la distribución siempre ha sido más importante que el producto. Y obviamente, no iba a dejar pasar este magnífico ejemplo para recordarlo.
¿Por qué insisto en recordarlo? Porque las habilidades necesarias para crear un producto rara vez se cruzan con las necesarias para darlo a conocer. Las temidas ventas son el talón de Aquiles de la mayoría de los emprendedores. Y por donde se marchitan la mayor parte de los proyectos. Los inversores lo saben y, por eso, suelen buscar equipos que combinen ambos perfiles: ingeniería y ventas.
Hay esperanza, sin embargo. Existen perfiles que combinan ambos conjuntos de habilidades: unicornios blancos capaces de desafiar las leyes que parecen separar a los constructores de los distribuidores y de levantar proyectos por sí solos. Todos tienen una característica en común: estar dispuestos a montar un buen cirio.
¿Y qué es montar un buen cirio? Salirse de la norma. Crear un producto diferencial y aprovechar todas las grietas del sistema para que tus posibles clientes se fijen en ti.
Marc Benioff, por ejemplo, fundador de Salesforce y uno de los principales impulsores del software en la nube, contrató a un pequeño ejército de actores para simular una manifestación al grito de “No Software” en la entrada de la conferencia anual de su principal competidor, Siebel Systems. Benioff también llegó a contratar a una falsa cadena de televisión para que grabara la protesta y entrevistara a los actores.
Otro emprendedor de renombre que supo manejar a la perfección el arte de darse a conocer fue Richard Branson, fundador, entre otras, de la aerolínea Virgin Atlantic.
Un buen ejemplo ocurrió en 1999, cuando, durante la construcción del London Eye, la famosa noria de la capital de Inglaterra, los operarios se encontraron con un problema para ponerla en pie. British Airways, su rival en los cielos, era el principal patrocinador del proyecto.
Branson no desperdició la oportunidad y, la misma mañana en que saltó la noticia, contrató un dirigible para sobrevolar la noria con el mensaje “BA no puede levantarla”.

En ocasiones, el cirio no tiene por qué ser una gran campaña publicitaria. Basta con hacer las cosas de forma diferente. Así, lo hicieron los fundadores de Justin.tv.
Ante un universo del entretenimiento dominado por las grandes cadenas como MTV y un incipiente Youtube, apostaron por que el futuro sería el directo en streaming. Para demostrarlo, uno de ellos, Justin Kan, decidió convertir su vida en un reality 24/7.
Su equipo le cubrió con cámaras que captaban distintos ángulos de su vida diaria. Con una mochila a la espalda, cargaba el equipo para retransmitir en directo a Internet (recordemos, estamos en 2007). Justin se grabó durante meses, comiendo, caminando, hablando con inversores e incluso durmiendo.
La campaña, por llamarla de alguna manera, fue un absoluto éxito nacional, con medios de todo el país interesándose por “el hombre con la cámara en la gorra”, lo que les generó decenas de millones de dólares en publicidad gratuita. Poco después, renombraron el servicio a Twitch.
Primero que miren
Y si os parece que esto de los cirios solo funciona en Silicon Valley, dejadme daros una vuelta por el panorama musical español a finales de los ochenta.
En el libro Extremoduro: De Profundis: La historia autorizada, biografía del mítico grupo de rock extremeño, su autor, Javier Menéndez Flores, resume en un párrafo cómo Roberto Iniesta, líder del grupo, entendió perfectamente la importancia de darse a conocer:
Ahora bien, Robe, al igual que Ramoncín, tuvo muy presente desde el principio de su carrera que si quería destacar tenía que montar un buen cirio. Y luego ya, si acaso, repararían en el talento, que como el devenir del tiempo ha demostrado, lo había, y a raudales. Primero, parecía pensar, que miren (porque hay muchos sitios donde mirar y conseguir que los ojos se fijen en uno no es fácil). Y a partir de ahí, que le pongan nota.”
Robe, al igual que Benioff, Branson o Kan, sabía que tenía que montar un buen cirio para ser alguien. Y vaya si lo hizo. En 1990, llamó a todas las puertas hasta conseguir actuar en Plàstic, un programa que se emitía en el segundo canal de la Televisión Española en Cataluña. Y allí interpretaron dos canciones que cambiarían para siempre la historia del grupo.
Primero, Jesucristo García, con Robe vestido con una túnica blanca y una cadena de perro a modo de corona de espinas. Salo, su bajista, con un tricornio que representaba a la Guardia Civil, terminaba la canción disparándole en la nuca, un momento que la cadena censuró.
Después, Extremaydura, en la que Robe ya descamisado, introducía su cabeza en una soga al grito de “Cagó Dios en Cáceres y Badajoz”.
Ese cirio en Plàstic los puso en el panorama musical español. En De Profundis, Menéndez Flores escribe:
Y vaya si consiguió su propósito. En el libro Cultura de bar. Conversaciones con Fito Cabrales, “el músico bilbaíno confesaba que fue a raíz de aquella aparición televisiva como conoció a Extremoduro, y lo mucho que Robe le impresionó: «Me acuerdo de que conozco a Extremoduro por un programa de televisión, Plàstic, y me quedo acojonado preguntándome quién era ese macarra, con esas pintas y cantando ‘Jesucristo García’». Al igual que él, mucha otra gente lo descubrió ahí.”
Vuelvo al desarrollador de Reddit del principio. Sus cuatro aplicaciones funcionan. Arrancan. Están en la App Store. Pero nadie las mira. Nadie sabe que están allí.
La próxima vez que pienses en lanzar un producto, considera antes: ¿estás dispuesto a montar un gran cirio? ¿Estás dispuesto a salir de la cueva, pisar la calle y exponerte públicamente a las miradas y críticas del resto?
Si la respuesta es no. No empieces. No pierdas el tiempo construyendo. La gente no vendrá. Primero, debes conseguir que miren.



